La Fama en la Eneida de Virgilio

La figura de la Fama, divinidad griega mensajera de Júpiter pero considerada infame en el cielo, es la “voz pública”, o rumor que transmite toda clase de verdades o de calumnias y se difunde por todo el mundo y con gran presteza.  Hesíodo apenas la menciona en su obra, y Virgilio crea de ella una alegoría.  Este nos relata que es hija de Gea y hermana de Ceo y Encélado; la engendró su madre, sin ayuda de varón alguno, como venganza por la muerte de los Gigantes.

La diosa Fama tuvo su culto y su templo en Grecia.  También entre los romanos tuvo su templo, mandado a erigir por Furio Camilo.  Llama la atención lo poco que se han ocupado de ella los libros y diccionarios de mitología, pues en muy pocos casos dan cuenta de su existencia, a pesar de la importancia  y de  la  función  social  que  desempeña. Esto, claro está, se debería a su naturaleza trágica y ambigua en relación con la suerte de los hombres. Está claro que su favor nunca devino en transparencia para convertirse en un dios accesible.

Hesíodo se refiere a la Fama (¶760) en Trabajos y días de manera circunstancial. Parece que desde esa fecha no gozaba, valga la paradójica redundancia, de saludable reputación. En dicho párrafo se alecciona a “evitar la terrible reputación de los mortales, pues la mala reputación es ligera de levantar con facilidad, pero terrible de soportar y difícil de quitar.” Se evidencia el carácter indestructible de una notoriedad negativa, si es posible tal cosa, aunque la realidad lo comprueba. Es casi idéntica la cita al viejo adagio, “cría fama y échate a dormir”. Para terminar con la alusión de Hesíodo, se precisa la dura advertencia que Joseph Goebbels, el maestro nazi de la publicidad,  demostró con tanta eficacia: “Miente que algo quedará.” En su visión clara, el primer filósofo griego arguyó: “Pues no se destruye por completo la reputación que han difundido muchas gentes; ella es como un dios.” Para quien ha hecho fama, su vida es una creación de la gente, es decir, la gente, por medio de su credulidad, engendra la imagen pública que se tiene de una persona, la cual soporta el concepto de sí misma de manera tan impugnable como lo es un dios a todas luces. El espíritu trágico se revela en esta proposición. Y los griegos muestran una vez más que sabían algo acerca de la vida.

El tema de la Fama retomado por Virgilio es más un intento por describir el mecanismo figurado por el cual esta diosa se moviliza en el mundo. El poeta de la Eneida sucumbe a la tentación de describir a la diosa, en dotarla de signos visibles, de transmitir todo lo monstruosa que puede ser una divinidad que serpea en los estamentos de la opinión pública, con su horrible aspecto:

“Dícese que irritada con los dioses la tierra madre la engendró postrera, fiera hermana de Encélado y de Ceo, tan rápidos los pies como las alas: Vestiglo horrendo, enorme; cada pluma cubre, oh portento, un ojo en vela siempre con tantas otras bocas lenguaraces y oídos siempre alertos. Por la noche vuela entre cielo y tierra en las tinieblas, zumbando y sin ceder al dulce sueño; de día, está en los techos, en las torres, a la mira, aterrando las ciudades. Tanto es su empeño en la mentira infanda como en lo que es verdad. Gozaba entonces regando por los pueblos mil noticias, ciertas las unas, calumniosas otras.” Eneida (Virgilio)

Apreciamos, en general, varios atributos conferidos a la Fama por Virgilio, una vez retomado el concepto griego sobre su temible manifestación. En primer lugar, la Fama es un monstruo que deriva su existencia de los dioses más prehumanos y por lo tanto dioses del pasado inconsciente de la humanidad. Se encuentra dotada de rapidez, alas, inmensidad física, ojos en constante vigilia, que pueden ser miles por hallarse cada uno bajo una pluma, bocas que parlotean sin freno, y oídos en una alerta constante. Nada más simbólico a los medios de comunicación hoy día, si quisiéramos verla en rozagante acción moderna.

Virgilio la mira en las tinieblas, privada de reposo y emitiendo un zumbido, que es como su poder hipnótico, tal vez al ruido de la infamia, la maledicencia, el halago fácil, exagerada versión de un suceso, todos los ingredientes que sazonan un nombre notorio.

Desde los techos, en las torres, “aterrando las ciudades”, la Fama es señora de la información y a todos nos fascina, pese a su espantosa  presencia.

La Fama, en tanto que voz pública, cumple una función muy importante en la vida de la sociedad al tender líneas de comunicación entre los hombres.  En la Grecia arcaica era “la instancia superior para juzgar a un hombre de la antigua nobleza” (Jaeger: 121).  En nuestros tiempos la voz pública se ha convertido en un ser más monstruoso, si es posible, y completamente inmanejable, merced al auge de los medios masivos de comunicación, los cuales al igual que a Feme  poco le importa la naturaleza de las voces o rumores que propaga.

Angelis

Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La Fama en la Eneida de Virgilio

  1. Jacqueline Murillo dijo:

    Reblogged this on El pórtico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s